domingo, 18 de junio de 2017

Otoño en La Cumbrecita

Creo que ya saben que el otoño es la estación del año que más disfruto. Me gustan muchos sus colores, es mi paleta favorita, la de los beige y ocres... con algo de rojo y terracota. Además tiene la temperatura ideal, está fresco pero no hace tanto frío, y si bien acá el primer mes del otoño es húmedo y lluvioso, los últimos dos son increíblemente soleados y secos. Ahora mismo, aunque casi ya estamos en invierno, hay un cielo azul, con un sol precioso que invita a dar un paseo por uno de los lugares más mágicos del Valle: La Cumbrecita. Si conocen el pueblito saben de lo que hablo, ahora bien, si no lo conocen, les cuento un poco en palabras e imágenes, seguro les voy a dar muchas ganas de visitarlo .


En 1932 la familia Cabjolsky (oriundos de alemania) adquiere 500 hectáreas al pie de las sierras grandes, como lugar para vacacionar. Este campo contenía como punto de referencia el cerro Cumbrecita, de ahí el nombre del pueblo. Se imaginan lo que era el lugar en aquel entonces, a más 1400 mts sobre el nivel del mar. El paisaje autóctono a esa altura es de pastizales, algún que otro arbusto, bellos cactus, y en primavera pequeñas flores silvestres que crecen entre las rocas. Por supuesto no había caminos para llegar, todo debía hacerse a lomo de burro. Villa General Belgrano aún no existía y el pueblo los Reartes era una posta para cambio de caballos. El poblado más cercano para abastecerse era Alta Gracia a más de 50 kms.

La idea de la familia era darle un aspecto similar al de los bosques centroeuropeos, por eso empezaron forestando con especies de allá, como abedules, robles y diferentes coníferas. La primera edificación fue de adobe y la idea principal era alojar a la familia en sus vacaciones. Aunque pronto empezaron a alojar a amigos de la familia que venían de visita, luego a amigos de amigos, etc ^_^ y así es como empezó funcionar la primera hostería familiar del lugar. 



Ya desde los comienzos La Cumbrecita fue pensada como turística, y es exactamente como sigue actualmente, es un pueblo que exclusivamente vive del turismo.Los inicios fueron construídos por la misma familia. El hijo mayor, que era ingeniero, fue quién realizó el loteo, las primeras calles y edificaciones. Hasta el día de hoy (y espero que sea así siempre) es un pueblo peatonal, el auto debe dejarse en la entrada, si hay mucha gente en un nuevo estacionamiento un poco más alejado que realizaron hace algunos años, que por cierto no es muy lindo y rompe mucho con la armonía de las montañas, pero si lográs abstraerte de eso lo disfrutás ¡y cuánto!. 


Hay callecitas con escaleritas por todos lados, imagino que visto desde arriba no tiene una disposición muy ordenada, eso es lo que lo hace aún más encantador. Todo es cuesta arriba, tenés que ir solo con muchas ganas de caminar, no entendés si lo que ves es la entrada de una casa, un camino o una calle, lo que te recuerda a pueblitos alemanes de siglos pasados. Las casitas son preciosas, todas mantienen la misma estética pero todas son distintas. 


Hay mucha madera, techos a dos aguas con tejas antiguas, aberturas sencillas pero hermosas, verjas y cercos con molduras, y los jardines ¡ai los jardines! son con flora traída de europa, muy campestre o de montaña. Hacen mucho hincapié en la ecología, la zona está protegida, tratan sus propios residuos y como también pasa en Villa General Belgrano desde hace muchos años no entregan bolsas plásticas en las tiendas, (aunque esto se contradiga con la penetración de flora y fauna europea, ya que también hay ardillas introducidas por los pioneros).



 Hay muchas excursiones para hacer y pueden ir a recorrerla varios días o bien directamente alojarse allí. Están las clásicas: visitar la capilla, llegar hasta la cascada, la olla, visitar el castillo (aunque solo se puede ver desde afuera) o las más aventureras como conocer el río subterráneo. 


Mi recomendación es ir temprano, con tiempo y perderse por ahí, imaginar por un ratito que están en esos lugares salidos de cuentos de hadas. En otoño los bosquecitos de coníferas y abedules son muy fotogénicos y hay varias especies de hongos, ya que el clima también fue modificado, inevitablemente por la presencia de plantas exóticas, y es mucho más húmedo que en otros lugares de Córdoba.




 No se pueden ver tantas aves, pero se pueden ver muchos zorritos y son bastante confianzudos ya que muchos turistas les dan de comer, y como son tan intrépidos e inteligentes aprendieron bien que donde hay gente hay comida. 



Espero que les haya gustado el relato de mi paseo y que les haya contagiado las ganas de conocer La Cumbrecita, tengo ganas de hacer estas recorridas con todos los lugares del Valle de Calamuchita quizás la próxima sea el que elegimos con Jo para vivir Villa General Belgrano, que no es tan agreste pero bien vale la pena! ^_^


4 comentarios :

  1. Un hermoso Lugar,con gente muy amable....como tan bien describis...si se puede sumar una recomendación o mejor dicho adherir a la que ya hiciste,es la de ir temprano (gracias a ustedes que nos dijeron)!..nosotros a las 8 am estabamos ahi (que exageraaaados jajaj)pero caminamos tranquilos,con tiempo sin tumulto,disfrutando del sol que aunque fuera verano temprano estaba suave y cálido, charlamos con gente del lugar...y pudimos conocer espacios no tan turísticos y también cumplir con la parte turística-gastronómica de comer cosas muy ricas ...es un lugar imperdible!! nos encanto!

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    1. Siiii, es verdad, muy temprano! hicieron bien! porque además pueden dejar el auto justo en la entrada, si hay mucha gente ya lo tienen que dejar mucho más lejos. Qué alegría que te haya gustado, es muy lindo lugar! la próxima les recomendamos otros ♥♥

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  2. Amé tus fotos!!! A mí también me encanta el otoño y sus colores (y su temperatura templada!). Qué ganas de sierra!

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    1. Es que era el lugar, para donde mirabas había una foto increíble! Venite, está hermoso en esta época! ♥

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